viernes, 16 de mayo de 2008

Desde Finisterre

Dicen que algunos peregrinos adoptaron una antigua tradición celta, y después de cumplir con todos los ritos de la peregrinación, continuaban andando unos días más, hasta llegar al fin de mundo. Pues eso hemos hecho nosotros también.
Se siente un regusto agridulce, siguiendo flechas amarillas que te alejan de Santiago.
Son muchos los que lo hacen. No sé de donde salen, pero dormimos en los Albergues más de 20 personas. El ambiente es diferente. Ya no se dice Buen Camino, la gente se saluda con "Buen Viaje",
tampoco se nota la ilusión por lllegar a Finisterre. Sólo Andrew, el australiano está muy ilsionado por llegar al Atlántico, habiendo empezado en el Mediterráneo.

Llueve mucho, las etapas son muy bonitas aunque los restos de los incendios del año pasado estropean paisajes formidables.

En Olveiroa, llegamos a las dos, en medio de un chubasco muy fuerte. No se abre el albergue hasta las cinco. Estos albergues de la Xunta están muy bien, pero han sustituido los hospitaleros por funcionarios, que parecen disfrutar con las dificultades de los pèregrinos.
Todo el mundo está calado, y el único sitio donde guarecerse es el pequeño bar de un hostal, donde tomamos café apretujados y mojados.
Luego, resulta que el hostal tiene un comedor y una sala con una chimenea muy grande. Allí acabamos cenando todos. Casi cuarenta personas. Le propongo al patrón hacer una queimada. Me dice que busque clientes, y aunque nadie sabe lo que es (soy el único español) , todos se apuntan.Un éxito. Todavía ayer, al borde del mar, me daban las gracias por la idea tan buena que había tenido.

Y así entre cchubasco y chubasco, llegamos a Finisterre. La primera vista del Atlántico desde lejos, es emocionante. Además, ha dejado de llover, se empieza a ver trocitos de cielo, y eso hace sentirnos todavía mejor.
También aquí hay que esperar a que abran, pero esta vez hay sitios donde sentarse viendo el puerto, y tomando el sol, que no se había dejado ver desde hace no sé cuantos días.

Aprovechamos para comer: pulpo, pimientos del padrón, chipirones, mejillones, todo con un ribeiro fresquito. Muy bien.
Después de acomodarnos en el refugio, un paseo de tres kilómetros nos lleva hasta el Faro, la escultura de las botas del peregrino, y el borde del acantilado. Se ha despejado casi del todo y la vista es impresinante.El mar está muy tranquilo, cuando se enfade, tiene que ser aún más bonito, Muchos peregrinos y algunos turistas. Andrew quema unos calcetines. Yo no tengo nada que quemar, y tampoco lo considero imprescindible.
Nos emocionamos un poquito, nos hacemos fotos, y de vuelta al albergue, bajamos hasta una playa, donde Andrew deja una piedra que había traído desde Málaga.

Me llama Rosa, que es peregrina con vocación de hospitalera y se ofrece a venir a buscaros para llevarnos a su casa de La Coruña. Sin dudarlo, suspendemos la marcha a Muxía, y acepto.

Mientras la esperamos, escribo estas notas...

Mañana más

3 comentarios:

Daniela dijo...

Queridos, con que llegaron ya al fin del mundo... se me ocurre que hay muchos finales de la tierra, pero el que viene después de Santiago trae más bien la certeza de que algo va a comenzar. Algo mejor.
En Facebook he encontrado a Asun, una peregrina de Barcelona que conocí el 2001.
Los caminos siguen viviendo en nosotros.
Gracias por las notas Pepe y Gerard!

Joaquín dijo...

Total, que yo creo que ya debería caer una pequeña Mariscada (si es que aún no ha caído).....

Enhorabuena !!! a los dos.

ottobego dijo...

Hola peregrinos!!!!
Cómo he echado de menos leer vuestros artículos, pero ya me he puesto al día. Hoy me ha dicho mi amiga Chari que le has llamado, la verdad es que te aprecia un montón, pero no te preocupes que en el mes de agosto la llevaré a la asociación.
Que ya somos una familia con niña y tó!!! A ver si el martes puedo ir a la Asociación y te la presento, que tengo montón de ganas de que conozca al tío Pepe!!!
Un beso muy fuerte y muchas gracias por haber tenido el tiempo suficiente para ponernos al día con tus maravillosos comentarios